Make love, not war


Siempre sucede, que en la cola de embarque se me escapa una sonrisa idiota. Visto chanclas, pantalón corto, camiseta y cargo una pequeña mochila, mi cámara de fotos y una absoluta sensación de libertad. Cuando sobrevolamos Ibiza siempre disparo una foto porque me indica que estoy muy cerca de mi destino. Y al aterrizar comienza el trepidante camino al puerto. Es mi único momento de estrés en todo el viaje. Mi único objetivo es no esperar un segundo para embarcarme en el ferry que me llevará a mi destino. Ya en el barco me dejo mecer por el vaivén de las olas y pienso que éste viaje tengo que ir a la “Cova d’es fum” aunque luego nunca lo hago. Entro en un estado de somnolencia del que me despierta el ruido de los motores atracando en el puerto y al salir del barco, me encuentro con un maremágnum de gente de aquí y de allá. Caras tristes que hacen cola en su regreso a casa. Porque despedirse de Formentera, duele. No es mi caso y me siento muy afortunada. En mi camino hacia casa, saliendo de La Savina, me desvío por las arterias polvorientas que cruzan la isla y tengo esa sensación balsámica de ausencia de tiempo que me hace entrar en un profundo estado lisérgico. Intento trasladarme a los 60’ y visualizar a los primeros turistas que llegaron a la isla. Esos hijos de estados unidos que desertaron de la guerra de Vietnam y encontraron aquí la paz y promovieron éste Woodstock que se respira en el lugar. Paz y amor. Y una inmensidad turquesa que sobrecoge cada vez que se contempla. La felicidad en estado puro.

“You that build the big guns
You that build the death planes
You that build all the bombs
You that hide behind walls
You that hide behind desks
I just want you to know
I can see through your masks”
, que decía Bob Dylan.